Hoy celebramos con gozo la fiesta del Bautismo del Señor.
El Padre Eduardus, con la aspersión de agua bendita junto a los niños de catecismo y toda la comunidad, nos ayudó a volver a la fuente: a recordar que somos hijos, llamados por nuestro nombre.
En su homilía nos invitó a mirar nuestro propio bautismo, a despertar la gracia bautismal que a veces se adormece entre prisas y rutinas.
El agua que nos moja no es un gesto vacío: es memoria viva, promesa renovada, comienzo que nunca se gasta.
Hoy no solo vimos agua caer…